domingo, 18 de diciembre de 2011

EL GRAN TIMO DEL ROCK N ROLL

Hablamos de juicios, demandas, alegaciones y problemas con managers, discográficas en una mirada desapasionada a la trastienda del rock business. Normalmente cuando se juntan un artista multimillonario y un tiburón con ganas de ser aún más millonario (o peor, una compañía con un ejército de abogados) pueden ocurrir varias cosas; o miras hacia otra parte y te haces el bobo (como Elvis con el Coronel Parker), te casas con tu manager (chico listo Ozzy, o quizá no), o esperas a que te sangren y luego vas a juicio (la táctica más habitual).
Uno de los casos más estrambóticos y sangrantes es el de John Fogerty y la Creedence con el capo de Fantasy Records, Saul Zaent (posteriormente afamadísimo productor cinematográfico). El obsesivo control que el bueno de John ejercía en la CCR le llevó a firmar un pacto secreto con Zaent para mover los magros ingresos de la banda a un paraíso fiscal en Nassau. Cuando el resto del grupo se enteró, reclamaron su parte (“¿vuestra parte?, ¿qué parte?”), fueron a un juicio que ganaron pero el dinero nunca apareció. Una de las bandas más exitosas de la historia y no vieron un dólar en años. Una vez separados, Fogerty se negó durante años a interpretar temas de la Creedence, porque los derechos pertenecían a Zaent y tendría que pagar por cantar sus propias canciones. Además Zaent le acusó de ¡¡autoplagio!! Porque según él el tema The Old Man Down The Road era clavado a Run Through The Jungle de la CCR. Naturalmente el caso no fue a ninguna parte. Sin embargo sí que obligó (juicio mediante) a Fogerty a cambiar el título de su canción Zant Kant Danz (Zaent Can’t Dance) por difamación; gol en Anoeta, empate a uno. Posteriormente Zaent se dedicaría al cine, produciendo (peliculones como) Alguién Voló Sobre El Nido Del Cuco o Amadeus. Poseedor de los derechos de El Señor De Los Anillos, produjo la versión animada de 1978 y en los últimos años ha andado metido en juicios con Peter Jackson por la nueva versión del Hobbit (hey, un día sin juicios no es un día para Saul Zaent). Cuando Zaent se desvinculó de Fantasy Records, Fogerty no tardó en firmar de nuevo con el sello.
CCR, where´s my money, man?
Otra batalla legal que se alargó durante años fue la de Dylan con Albert Grossman; sorprende que un tipo tan inteligente como Zimmerman fuese tan cándido a la hora de dejarse arrebatar la mitad de todas sus ganancias por Grossman en un contrato que se negó a leer (¡!) durante años. La confianza que tenía en su manager era absoluta pero cuando las cosas empezaron a enfriarse y sus abogados le hicieron ver la pifia que había cometido se estuvo tirando de sus (ora judíos, ora cristianos) rizos durante meses. Dylan conoció a Grossman a principios de su carrera en New York, en 1962, y fue él quien le invitó a su casa de Woodstock. Allí Dylan encontró su hogar durante años. Es la mujer de Grossman, Sally, la que aparece en la portada de Bringing It All Back Home (fue ella, también, la que lanzó el rumor de que el accidente de moto de Dylan no había existido). A principios de los 70 Dylan dio por finalizada su relación profesional con Grossman, pero debía seguir pagándole la mitad de sus ingresos durante años, por los que fueron a un juicio que se alargó durante una década, con millones de dólares tirados en abogados y alegaciones, y que sólo terminó cuando Grossman falleció durante un vuelo a Londres en 1986.
Something's happening here
And I don't know what it is...


Otro que anduvo en líos legales que a punto estuvieron de acabar con su (incipiente) carrera fue el Boss, que vio como la publicación de Darkness At The Edge Of Town  se vio primero retrasada priemero y luego amenazada por el litigio que mantuvo con Mike Appel, su manager hasta entonces. Después del éxito de Born To Run Springsteen vio que le convenía más tener a su lado a alguien como el productor del disco (John Landau) que a Appel, cuyas tácticas agresivas le habían valido a Springsteen su primer contrato con CBS, pero en el estudio de grabación no había feeling, y cuando apareció Landau el divorcio estaba servido. Appel no se lo tomó nada bien eso de ser cornudo y apaleado y demandó al Boss, obligándole a estar en dique seco hasta que llegasen a un acuerdo (un acuerdo extra judicial de muchos ceros al que llegaron un año después). Los sinsabores de esta experiencia se vieron reflejados en el tono sombrío del álbum, y en el DVD The Promise podéis seguir la historia de una manera descarnada y muy poco complaciente.

La Promesa, cuando el Boss se vió en apuros
Quizá el manager más infame de la historia sea el manager de la banda más polémica, hablo de Malcom Mclaren, empresario, modisto, visionario y caradura, que llevó las riendas de la breve vida de los Sex Pistols, con los que acabó, cómo no, como el rosario de la aurora. Todo empezó en su tienda de ropa (Sex) donde campaba a sus anchas la flor y nata del incipiente punk londinense. Poco a poco, McLaren fue formando una banda que llegó a convertirse en los Sex Pistols. Con la famosa táctica del escándalo y la provocación logró que varias compañías firmasen y luego pagasen por deshacerse de los Pistols, hasta que finalmente EMI publicó Never Mind The Bollocks. Durante la corta carrera de los Pistols, estos le acusaron de embolsarse el dinero y de estafarles. De hecho John Lyndon (AKA Johnny Rotten) le llevó a juicio, un juicio que duró casi diez años hasta que en 1987 Lyndon recuperó los derechos legales de la banda. Como rezaba el título del documental rodado por McLaren sobre los Pistols, The Great Rocknroll Swindle (El gran timo del Rocknroll).
Rotten se acuerda de su discográfica.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

LOOKING FOR LEWIS AND CLARK

Es 1985, y los Long Ryders se encuentran en la cumbre (artística, claro está). Nacidos al amparo del Paisley Sound y compartiendo gustos y estética con otras bandas del calibre de Green On Red o Dream Syndicate, en State of Our Union se destapan con una colección de temazos que ponen de manifiesto su eclecticismo entre el sonido tradicional americano (Gram Parsons, Byrds), la urgencia punk y el rock de guitarras (¿una redundancia? No en 1985, amigo). Y para empezar el disco este auténtico temón,  un himno, un hit en potencia, una de esas canciones que sacuden algo en ese lugar entre las tripas y la memoria, Looking For Lewis And Clarke. Un jubiloso riff a lo Kinks y una letra que escupe sobre la America de la era Reagan, y ese video clip plagado de referencias a un pasado glorioso. Si me ataran a una silla y me obligasen a elegir una canción de los 80 (y lograse olvidarme de los Replacements) elegiría esta maravilla.

Buscando la verdadera America.

viernes, 25 de noviembre de 2011

WHILE MY SITAR GENTLY WEEPS

Cuando hablamos de exotismo en el rock n roll nuestra mente se dirige a una época muy determinada, se nos pone un mohín desagradable en la cara y nos ponemos a la defensiva; de acuerdo, los hippies fueron en general muy cansinos pero, hey, si rascamos un poco la superficie nos encontramos cosas muy curiosas. Hoy en día destinos como Katmandú o Tánger no los podemos considerar demasiado exóticos, pero imaginad  a un padre de familia de Witchita, Kansas, en 1967 explicando a su vecino que su hijo se encuentra de viaje en Rajastán buscándose a sí mismo.  En esta época se inició un trasvase cultural-musical de oriente a occidente, los sonidos orientales se introdujeron en la música pop a través de sitares y percusiones de todo tipo (recibiendo el horrible nombre de raga rock), y de eso fue en gran parte responsable el amigo George Harrison, que fue uno de los primeros en usar sitar en Norwegian Wood. La influencia de Ravi Shankar (un virtuoso de esto del sitar) en Harrison fue palpable, de hecho años más tarde en el Concierto de Bangladesh abrió el cartel con su banda (protagonizando la anécdota cachonda del show; después de estar tres minutos enredando con sus instrumentos, el público, educadísimo, les ovaciona y Shankar contesta :”Si os ha gustado tanto la afinación espero que el concierto lo disfrutéis aún más”). Posteriormente Brian Jones lo usó y de qué manera en Paint It Black, los Kinks en See My Friends, los Byrds en Eight Miles High y Jeff Beck hizo lo mismo con los Yardbirds en Heart Full Of Soul, doblando la parte del sitar con un pedal de fuzz que hace que suene así de bruto.

Yarbirds, más chulos que un ocho.

Otro destino por entonces (fianles de los años sesenta) de lo más exótico era Tánger, donde se escondían algunos de los escritores beats para recrearse con todos los placeres a su alcance,lejos de los ojos de The Man, como Gingsberg, Borroughs o Brion Gysin que fue quien invitó por primera vez a Brian Jones a visitar Marruecos. Jones se quedó prendado de la calidad de las drogas y de la música que encontró allí. De hecho grabó un disco con músicos de Joujouka que fue el primer lanzamiento de Rolling Stones Records, y se considera el primer disco de World Music (Brian, Brian, ¿por qué?). Se titula Brian Jones Presents the Pipes of Pan at Joujouka. Otros que se sentían muy a gusto en las montañas de Marruecos y por las mismas razones eran Robert Plant y Jimmy Page, y naturalmente se aprecia una influencia de la música del norte de Africa en Led Zeppelin, que quedó mucho más clara cuando ambos se reunieron en el 94 para sacar esa preciosidad que es No Quarter que incluía esta apabullante versión de Kashmir.

T-E-R-M-O-N-U-C-L-E-A-R

Hablemos ahora de destinos imaginarios; para empezar (y acabar) nos saltamos todo el imaginario de Tolkien, donde pastan heavys y folkies de todas las edades y condiciones. Sobre la Atlántida hay canciones, la más famosa es la de Donovan (Atlantis). Los Who cantaban a Armenia City In The Sky ( otro lugar inventado era el Campamento de Vacaciones de Tommy). Los Beatles tenían un imaginario bastante desarrollado, recordad la Ciudad de los Submarinos en Yellow Submarine. Metropolis, de Motörhead vía Fritz Lang. Los canadienses Rush tienen unas cuantas, Xanadu, por ejemplo, y cuando se meten en el tema ciencia ficción, como en aquel disco (discazo!) Hemispheres del 81, ya pierdo la cuenta. Fennario es un lugar imaginario que Grateful Dead mencionan en varias canciones Y por último el famoso Shangrila, a la que han cantado los Kinks, The Rutles, Mark Knopfler (ay!) o Mother Love Bone, el grupo embrionario de Pearl Jam que en 1991 lanzaron su único album (desgraciadamente, su cantante, Andrew Wood, palmó de sobredosis antes de que el disco saliese a la venta) que se abría con este temón, This is Shangrila.
Andrew Wood, primera víctima de Seattle.


lunes, 21 de noviembre de 2011

ARE YOU FEELING LUCKY, PUNK? THRILLERS SETENTEROS CON MÚSICA MOLONA

Todos los días a eso de las dos de la tarde, en Radio 3, una música rítmica y amenazante me atrapa sin remedio. Desgraciadamente a los pocos segundos un indeseable empieza a soltar sandeces y el hechizo se va al garete. Hoy hablamos de bandas sonoras de thrillers setenteros, esas maravillosas películas de pistolas humeantes, persecuciones a toda velocidad por los barrios más chungos, pantalones de campana y frases mítica como el “Vamos, alégrame el día” de Harry Calahan, con Clint Eastwood en su papel más popular, Harry El Sucio. Digo el más popular entre sus fans y también el que más juego dio a sus detractores que le acusaron de misógino y fascista, de apología de la violencia y de ser el toro que mató a Manolete, también (sí, de acuerdo, no erraron demasiado el tiro). La banda sonora corría a cargo de Lalo Schifrin, compositor y pianista argentino que se hizo popular por la celebérrima melodía de Misión Imposible. Empezó su carrera tocando con Dizzy Gillespie, y más tarde dio el salto a las bandas sonoras donde destacó su colaboración durante años con Clint Eastwood en muchas de sus películas, y otras maravillas como El Rey Del Juego, La leyenda del Indomable u Operación Dragón. O, cómo no, el tema principal del primer film de Dirty Harry. Los malos, cuando oyen esto, se ponen a sangrar directamente.
"¿Tus derechos? ¿A qué te refieres, gamberro?"

Otros colosos musicales que contribuyeron a musicar estas maravillas fílmicas fueron por ejemplo Jimmy Smith (la banda sonora de The Cat),o compositores como Don Ellis que hizo un trabajo espectacular en The French Connection (dirigida por William Friedkin y titulada en español Contra el Imperio de la Droga, por si la ves y te queda alguna duda de lo que trata). Jerry Fielding, que también trabajó con Eastwood o con Sam Peckinpah, o David Shire al que mentamos más arriba, compositor de esa maravilla que es la sintonía de Pelham 1 2 3. Maravillosa película también, con Walter Mathau y Robert Shaw en estado de gracia y un guión tenso como pocos y repleto de guiños humorísticos. Como dicen por aqhí, un must en toda regla.
Esto es Groove, y lo demás, tonterías

Pero en esta época encontramos también atómicas piezas en las series de TV, como Los Hombres de Harrelson ( aquella celebérrima frase de “TJ al tejado!”,) , Baretta, Kojak (al que durante años de bendita inocencia relacioné con el Chupachups antes que con la gabardina y la mala leche), Colombo o sobre todo, Starsky y Hutch, con el Ford Torino rojo con la franja blanca y cuya sintonía (el famoso Gotcha!) fue escrita en un rapto de genialidad por Tom Scott.









GET IN THE RING, MOTHERFUCKER: ROCKNROLL Y BOXEO.

Curiosamente en ocasiones las canciones dedicadas al noble arte del boxeo encajan más en las formas folk de algunos de los grandes que en temas cañeros y combativos. Mucho antes de remover conciencias con Hurricaine Dylan ya había cantado sobre un boxeador maldito, Davey Moore, noqueado por Ultiminio Ramos (¡Ultiminio! Gran nombre) en 1963 y fallecido a las pocas horas por la paliza recibida. El tema (Who Killed Davey Moore?) se incluye en el tomo 1 de las Bootleg Series. Años más tarde dedicó el tema que comentábamos a Huracán Carter, aspirante al campeonato mundial del peso medio, condenado a (tres) cadenas perpetuas en turbias condiciones. La popularidad del tema hizo que se reabriese el interés por el caso y se revisase la condena. A Carter le fue concedida la libertad finalmente veinte años después de su encarcelamiento. Quien tenga un par de horas libres y nada más que hacer (en su vida) puede recuperar Huracán Carter, de Denzel Washington, bondad y almíbar Made In Hollywood.
Una de las bandas que recoge el testigo que Dylan nunca soltó son los Felice Brothers, que, como el maestro, dedican una canción al boxeo. En este caso se centran en la figura de Louie, un peso welter que se mete en una mala pelea y acaba de mala manera. Una preciosa balada sobre perdedores y uno de mis temas favoritos de los últimos tiempos, The Felice Brothers ,Ballad of Lou The Welterheight.

Otros casos de boxeo acústico; The Boxer de Simon and Garfunkel, una triste reflexión sobre la dura pelea diaria de un sparring (y un temazo como la copa de un pino). Springsteen en Devil and Dust trataba también esta triste historia en The Hitter. Algo parecido con respecto a la historia de Davey Moore hizo el gran Warren Zevon años después (1982), en el álbum Sentimental Hygiene (usando como banda a los –por entonces jóvenes- chicos de REM), donde grabó Boom Boom Mancini, donde relata la historia de cómo Boom Boom en 1982, en su tercera defensa del título mundial del peso ligero, mandó al coreano Duk Koo Kim a la lona, y pocos días después a la tumba, por las heridas recibidas. Tragedia en el ring, como cantaba Warren Zevon en Boom Boom Mancini.
Boom Boom Mancini, pon la boca así, como si fueras a beber...

Seguimos con uno acostumbrado a retar pero poco dispuesto a pelear, hablo del ínclito William Axl Rose, uno de los mayores bocazas del negocio, y promotor involuntario del más esperado combate de boxeo en el mundo del rock, que por desgracia nunca sucedió. En 1989 en unos premios de la MTV, Vince Neil, cantante de Mötley Crüe, atizó un par de sopapos al guitarrista de GNR, Izzy Stradlin, quien aparentemente había molestado a la mujer de Neil con ciertas insinuaciones. Cuando Axl se enteró montó en cólera y con las cámaras de MTV como testigos retó a Vince a un combate de boxeo. Vince respondió que cuándo y dónde él quisiese y … todavía estamos esperando. Durante meses estuvimos pendientes de ese combate que por desgracia nunca sucedió, aunque las descalificaciones en entrevistas nos entretuvieron durante años. Como Axl se debió quedar con ganas, en Use Your Illusion (1991) incluyó el tema Get In The Ring, dedicado a todos los periodistas que no le gustaban porque habían hablado mal de su banda; ¿lo hizo mediante alegorías o metáforas? No, amigos, los cita textualmente en el puente de la canción, en un acto inaudito de chulería y gargantuesca neurosis . Get in the ring, Motherfucker!
Axl imparte justicia. Súbete al Ring, periodista!

sábado, 8 de octubre de 2011

EL DIABLO,VUDÚ, EL BLUES Y NEW ORLEANS

New Orleans, el diablo, el vudú y el blues, excitante combinación. Los afortunados que conozcáis New Orleans sabéis que caminando sus calles puedes escuchar el origen de toda la música que nos apasiona, hueles el peligro en sus rincones más oscuros y sientes un cosquilleo en la nuca que te indica que el diablo anda al acecho. New Orleans es musicalmente el gran embudo de América, todo lo que baja por el Mississippi sedimenta allí. Allí se cocinaron a la vez jazz, blues y vudú, a fuego lento durante años y muchas de las canciones compuestas por artistas de allí versan sobre el vudú (o hudú) y sus prácticas. Habitualmente se han asociado estas músicas con el diablo, pero no exactamente ese concepto malvado del diablo cristiano, sino más bien con ser al que se considera un “viajero” (también conocido como el “hombre negro grande”), un ente que abre caminos y otorga talento (¿de acuerdo, Robert Johnson?). Uno de los primeros artistas en introducir el concepto de vudú en la música popular fue el incomparable Screaming Jay Hawkins, pionero del rock teatral y maestro de Alice Cooper y todos los que vinieron detrás (¿has dicho Marylin Manson?), que combinaba su voz sopranesca con espectáculos impactantes y macabros; ataúdes, calaveras, enormes serpientes y referencias al vudú. Y los fans de Jim Jarmush le recordáis por ser el manager de ese lóbrego  hotel en Mistery Train. Un grande.

                                    Cómete esa ciruela, hombre! 
Y si hablamos de vudú y de New Orleans es obligatorio acordarse de Dr John, John Rebennack, leyenda viva de la ciudad que introdujo la tradición del vudú a toda una generación, la hippy en los 60 y 70. Comenzó su carrera como guitarrista, pero en un altercado en un hotel Florida le dispararon en el dedo anular y tuvo que pasarse al piano. Juerguista como buen hijo de Nueva Orleans, se dice que fue heroinómano desde los trece años (¡!), y desde que se lanzó en solitario siempre apostó por una cuidada puesta en escena, con vestimentas inspiradas en el culto a la magia, el vudú y el paganismo afrocubano. Tomó el nombre de Dr John de una de las grandes autoridades del vudú, el Dr John Montaigne, líder de la comunidad negra a finales del S XIX y temido por los poderosos por sus conexiones con la magia más chunga. Dr John (el músico) centró su primer disco Gris Gris en su figura. Sus primeros discos jugetean alegremente con el tema del vudú, mezclando la música propia de New Orleans (blues, jazz, zydeco) con la psicodelia, incluso el funk, en un extraño ritual sonoro que hipnotiza.
                                                                Dr John, un señor elegante 
La relación del blues con el vudú se extendió mucho más allá de las fronteras de Lousianna. Uno de los pioneros de la harmónica blues fue el irascible Sonny Boy Williamson, un tipo de talento precoz que enseguida abandonó su Jackson natal para viajar a Chicago, donde grabó con el sello Bluebird temas que se convertirían en standards, como Good Morning Little Schoolgirl 1937 (popularizado más tarde por Little Walter, y más tarde aún por Ten years After), o I’ve Been Dealin With the Devil. Tontear con el diablo no es recomendable para un bluesman (¿de acuerdo, Robert Johnson?), y Sonny Boy se enteró de esto demasiado tarde; en 1948 cuando tras una actuación en The Plantation Club (en el South Side de Chicago, zona muy poco recomendable entonces y muy poco aconsejable hoy) algún marido celoso o algún rival más irascible que él le clavó un picahielos en la cabeza. Diecisiete veces. ¿Tonteó Sonny Boy Williamson con el vudú? Bueno, cantó sobre el tema, pero que se sepa nunca visitó New Orleans, su radio de acción era las zonas urbanas de Illinois. Sin embargo en el tema Hoodoo Hoodoo se plantea la posibilidad de bajar a Nueva Orleans para hacerse con unas cuantas bolsas de amuletos, porque su mujer le ha dejado ¿cómo es posible que una mujer abandone al gran Sonny Boy!?. Amigos, porque alguien le ha hecho vudú (The Hoodoo man, ese malvado). Posiblemente la incapacidad para aceptar que su mujer le dejaba sin más le hizo componer este temazo; piano, armónica y vozarrón! Bendita arrogancia.


viernes, 23 de septiembre de 2011

CASSETTES



El Cassette. Qué maravilloso artilugio. Rebuscar en una de las cajas donde guardo viejos cassettes es como mirar fotos antiguas; mola, pero duele. Duele pensar que la época que representan se fue y la que la ha sustituido ha matado el romanticismo. Sí, es genial poder descargarte la discografía completa de Sly and the Family Stone en seis minutos, pero eso no sustituye, ni de lejos, el rebuscar en mercadillos, visitar tiendas de discos y enredar en las estanterías de los amigos. La foto que ilustra este texto es de un cassette (nunca K7) de Stryper, que posiblemente compré en el mercadillo que ponían en las fiestas del pueblo, aquella colección que nos subyugaba bajo el impactante reclamo de “El Poder Del Heavy!”. Si miráis con atención descubriréis que alguien (posiblemente yo mismo, a quién quiero engañar) regrabó esa cinta utilizando el viejo truco de cinta aislante en las protecciones, y no me atrevo a comprobar lo que sonaría si introdujese el artilugio en el artefacto (artilugio la cinta, artefacto el radio cassette). Os digo una cosa; un walkman, unas cuantas cintas y un boli BIC (¡siempre boli BIC!) y me pasaba las tardes muertas, bendita adolescencia. Y sí, el sonido apesta, la cinta se rompía y las pilas del walkman no duraban, pero lo cambio por las torres de CDs grabados que jamás se escucharán; al menos todos (bueno, casi) los cassettes que tuve los escuché varias veces, y con atención. Suficiente llanto por ahora, el abuelo se va a escuchar un directo de Johnny Thunders que me grabó un punki de la Plaza de Tirso De Molina hace varios lustros. Ay! 

miércoles, 21 de septiembre de 2011

IN THE MOVIES

No cuento ningún secreto: hay canciones que ves en una película y se te incrustan en el cerebelo haciendo imposible una disociación posterior; cuando escuches esa canción de nuevo, pensarás en ese momento fílmico. Esto es así. Empezamos con Jim Jarmusch, un tipo con gusto impecable tanto en su cine (aunque esto empieza a ser discutible) como con la música. De hecho el tipo sabe MUCHO de música y cuando habla del tema sienta cátedra. Acordaos, por ejemplo, del documental Year Of The Horse, en el que disecciona el engranaje interno de una banda como Crazy Horse utilizando el viejo método de fly on the wall, desnudando alguna intimidad del viejo Neli Young. Asociado al principio de su carrera a John Lurie, logró juntar a éste, a Roberto Begnini y a Tom Waits en una de esas películas especiales que  se te instalan en un rincón del alma para siempre. Hablo de Down By Law (Bajo el Peso de la Ley). El inicio es maravilloso, una especie de travelling por las destartaladas calles de Nueva Orleans y los pantanos de Louisana, en un blanco y negro luminoso y limpio, de una pureza casi irreal, y el movimiento de la cámara que parece bailar al ritmo de Jockey Full Of Bourbon de Tom Waits. Una maravilla, amigos.





La canción es el personaje.
Una de esas diatribas nocturnas tras varias cervezas que hacen que mis amigos tiendan a evitarme es sobre la utilización de Scorsese de canciones de los Stones en sus películas. No lo puedo evitar, aflora. Me centro hoy en Malas Calles, película que directamente se asocia al marchoso y saltarín  Be My Baby de las Ronnettes de Phil Spector (sí, las Ronnettes DE Phil Spector). Pero, ay, el momento mágico de este film es la presentación de los dos protagonistas, Charlie y Johnny Boy en el club donde pivota la acción. Charlie, interpretado por Harvey Keitel, es la imagen de Scorsese: un católico recalcitrante que se debate entre el negocio mafioso familiar y sus impulsos piadosos. Cuando se presenta al personaje suena Tell Me, uno de los temas más poperos (y Spectorianos) de los Stones. ¿Qué suena cuando aparece Johnny Boy, el personaje interpretado por De Niro? Jumping Jack Flash, primer tema puramente macarra y malvado de los Stones. Johnny Boy, cómo no, es puramente macarra y aparentemente malvado (en realidad, es solo un pobre bobo desquiciado).  Brillante.

Charlie, otro católico atormentado Made in Scorsese

Pero si hablamos de piezas musicales que presenten a personajes no podemos obviar esa maravillosa, exageradísima y barroca Hasta Que Llegó Su Hora (pésimo título, ¿por qué no Erase Una Vez En El Oeste? Ya sabemos que a alguien le va a llegar la hora, no hace falta que nos lo cuenten tres horas antes). Sergio Leone encargó una vez más la banda sonora a Enio Morricone, que eligió cuatro piezas musicales para cada uno de los personajes (Henry Fonda, Jason Robbards, Claudia Cardinale y Charles Bronson), y cada vez que aparecen en pantalla les predece su característico tema; ahora, cuando miro fotos de cada uno de ellos inmediatamente suena el correspondiente tema en mi cabeza. Y si tengo que destacar uno de los cuatro me quedo sin dudar con el de Bronson (tremendo actor injustamente menospreciado), Man With Harmonica, un desgarrador suspiro moribundo de armónica al principio, acompañado más tarde por unas notas de guitarra eléctrica distorsionada (distorsionadísima!) que te pone la piel de gallina, oye.


Y para despedir, uno de los más grandes, John Barry, que con Midnight Cowboy tocó el cielo con los dedos, con ese tema final tan sobrecogedor, emotivo y evocador. Cuando los dos protagonistas finalmente viajan a Florida (y no sigo, por si alguno no ha visto esta maravilla. Por cierto, si no la has visto, ¿a qué esperas? Es imprescindible.) Midnight Cowboy que logró el Oscar a la mejor película en 1969, (y en 1969 todavía se hacían  buenas películas, eh) retrata de forma cruda y desesperanzada las desventuras de dos almas perdidas (John Voight y Dustin Hoffman) en la jungla neoyorkina de finales de los 60, y todo el mundo la relaciona con el Everybody’s Talking de Harry Nilsson, pero es esta tonada la que se te queda grabada a fuego.Por cierto, bellísima la versión que incluían Faith No More en Angel Dust de este tema. Estremeceos, amigos.
Rizzo y Joe Buck llegan al final del camino.

jueves, 15 de septiembre de 2011

ROCK N ROLL Y SUBMARINOS

Peculiarísima relación, qué duda cabe. Pero existe, amigos, existe. Y sin ir más lejos uno de los mejores discos de este 2011 se titula precisamente Rock N Roll Submarine y supone el regreso de una de las bandas más particulares de los 90, Urge Overkill, famosísimos durante 5 minutos en el 94 por su versión del Girl You’ll Be A Woman Soon de Neil Diamond para la banda sonora de Pulp Fiction (1994, hace quince años ya! Pido cita para el geriatra) y autores de dos discazos como son Saturation y Exit the Dragon. En el 97 se separaron y ahora vuelven con este trallazo de elegantes melodías setenteras, guitarras por todo lo alto y clase para dar y tomar.
Bien, y si hablamos de submarinos todos recordamos el Yellow Submarine, una gran película de animación y también uno de los pocos discos de los Fab Four que nunca apetece escuchar. No nos llevemos a engaño, es una chusta, y la canción una de las mayores chorradas de Lennon/Macca (“Toma, Ringo, cántala tú”). Eso sí, la película molaba entonces y mola mucho hoy, y es muy graciosa la historia que contaba Ringo sobre que siempre se encuentra algún niño que le grita “¿Por qué aprestaste el botón!?”. Grande, Starkey.
                                         Why did you push that buttom!?
Y aún hay más submarinos rockeros; en el disco debut de los increíbles Swell Maps de Nikki Sudden y Epic Soundtracks encontramos el hiptótico e histérico Midget Submarines, sobre esos pequeños submarinos que los japoneses usaron en la II Guerra Mundial que tanta pupa hicieron en, por ejemplo, Pearl Harbour. Y si ampliamos un poco el tema encontramos ejemplos de canciones acerca de las profundidades marinas y sus habitantes; Manta Ray de los Pixies, Octopus Garden de los Beatles (again), y no nos olvidemos de the creature Of the Black Leather Lagoon de los Cramps. Faith No More dedicaban en su tremebundo The Real Thing una canción al amor bajo el agua (Underwater Love) aunque la letra trata más bien de meter la cabeza de tu amado o amada debajo del agua y dejarla ahí el rato necesario. Igual de asfixiante era la inmersión acuática de PJ Harvey en Down By The Water, de aquel To Bring You My Love que tanto nos inquietó allá por el 95, con ese video clip insinuante y oscuro como una fosa abisal.
                                           Polly Jean bajo las aguas. Afixia

lunes, 1 de agosto de 2011

FEOS

Si existe una garantía de que la música puede merecer la pena es cuando el intérprete es rematadamente feo, y me explico. Cuando ojeo una revista y veo esas fotos de tipos y tipas estupendos, con esos peinados, esas ropas, esas poses… desconfío por sistema, no me lo creo. Y no hablo de boy-bands ni de Christinas Aguileras, hablo de supuestos grupos de rock, como Kings of Leon o My Chemical Romance, o The Killers, Interpol…en fin, da la sensación de que esta  gente se pasa más tiempo delante del espejo que ensayando. Pero vamos, no os echéis las manos a la cabeza, desde el principio fue así; veías una foto de Elvis y alucinabas, pero veías una de Buddy Holly y decías: “este tío mola, míralo, con sus gafas”. O Bill Haley, que guapo no era, el hombre. Esto se hizo más exagerado cuando la cosa se fue de madre, en los 70 con el rollo Glam; tenías por un lado gente elegante y guapetona, como Bowie, Marc Bolan o Brian Ferry, y por otro a tipos del norte de Inglaterra (¿qué tiene Northampton de glamouroso?) que se vieron un poco arrastrados a pintarse el ojo, como Slade o The Sweet, que parecían camioneros travestidos (pero, chico, cómo rockeaban). Otros que se vieron inmersos en esta vorágine de pintalabios, eyeliner y botas de plataforma  fueron Mott The Hoople, a quienes Bowie sacó del arroyo cediéndoles All the Young Dudes, su mayor hit. Tipos endurecidos y feos, no se les veía muy cómodos con sus plataformas y maquillajes. Ian Hunter tenía cierto misterio porque no se quitaba nunca las enormes gafas de sol, si habeis visto alguna foto suya entenderéis por qué lo hacía: feo no, lo siguiente. Pero siendo feos, son de fiar, muy de fiar, uno de los grupos más infravalorados del rock británico.
Bowie no se sentía amenazado por la belleza de The Hoople

Otra época muy jugosa para esto de la fealdad fue el heavy ochentero y el hard rock. De jovenzuelo mirabas fotos de Iron Maiden y no te resultaban demasiado ajenos, eran como los heavys del Canciller. O Metallica; recordemos que Hetfield antes de comprar en Armani lucía orgulloso su acné. O David Coverdale, que antes de ser el guaperas rubio de Whitesnake era un gordinflas en Deep Purple; había cierta fealdad en todo aquello, Lemmy de Motorhead no es ninguna belleza y por lo tanto, según esta ecuación, es de fiar. Y si juntamos todo esto, hard rock, tios feos y añadimos maquillaje, nos sale una de las bandas más entrañables de la época, Twisted Sister, cuyo líder, Dee Snider es posiblemente el mejor ejemplo de mal uso del maquillaje de la historia. (recordad la portada del Stay Hungry) En unos años en los que las revistas eran copadas por fotos de Bon Jovi, Mötley Crüe, Axl Rose y demás rockeros tatuados por allí asomaban esta panda de animales llamados Twisted Sister, que en 1984 dieron el petardazo con el himno generacional We re Not Gonna Take It.

Ya quisieras, Lady Gaga!

Y para terminar otra época dada a la fealdad, los benditos 90, donde se buscó deliberadamente. Lo que ocurre es que no terminaba uno de creérsela en los grupos grunges masivos, vamos, que Cobain, Vedder o Chris Cornell no eran feos, aunque fuesen de anti estrellas, había como cierta pose (¿qué no?); bueno, luego estaban Sonic Youth, Mudhoney, Tab y demás que sí, que bellezas no eran. Pero una banda que hizo de ser y sentirse feo un arte fueron Therapy?, estos tres irlandeses con los que un adolescente alienado (presente!) conectaba de principio a fin , sobre todo con el contenido de su mejor álbum, Troublegum y frases como aquella  de Screamager (With a face like this i won't break any heart, and thinkin like this i won't make any friends), en fin, pura angustia adolescente.