viernes, 23 de septiembre de 2011

CASSETTES



El Cassette. Qué maravilloso artilugio. Rebuscar en una de las cajas donde guardo viejos cassettes es como mirar fotos antiguas; mola, pero duele. Duele pensar que la época que representan se fue y la que la ha sustituido ha matado el romanticismo. Sí, es genial poder descargarte la discografía completa de Sly and the Family Stone en seis minutos, pero eso no sustituye, ni de lejos, el rebuscar en mercadillos, visitar tiendas de discos y enredar en las estanterías de los amigos. La foto que ilustra este texto es de un cassette (nunca K7) de Stryper, que posiblemente compré en el mercadillo que ponían en las fiestas del pueblo, aquella colección que nos subyugaba bajo el impactante reclamo de “El Poder Del Heavy!”. Si miráis con atención descubriréis que alguien (posiblemente yo mismo, a quién quiero engañar) regrabó esa cinta utilizando el viejo truco de cinta aislante en las protecciones, y no me atrevo a comprobar lo que sonaría si introdujese el artilugio en el artefacto (artilugio la cinta, artefacto el radio cassette). Os digo una cosa; un walkman, unas cuantas cintas y un boli BIC (¡siempre boli BIC!) y me pasaba las tardes muertas, bendita adolescencia. Y sí, el sonido apesta, la cinta se rompía y las pilas del walkman no duraban, pero lo cambio por las torres de CDs grabados que jamás se escucharán; al menos todos (bueno, casi) los cassettes que tuve los escuché varias veces, y con atención. Suficiente llanto por ahora, el abuelo se va a escuchar un directo de Johnny Thunders que me grabó un punki de la Plaza de Tirso De Molina hace varios lustros. Ay! 

2 comentarios:

  1. Menudas joyas tenían grabadas los punkis de Tirso, y con su portadita fotocopiada y todo. Ahora te vigilan para que no cueles una videocámara digital en el último estreno del Señor de los Anillos, y aún así los hay que la cuelan y luego se pasan días aplicándole filtros al sonido y a la imagen para colgar un "screener" decente, pero esa gente entraba en conciertacos históricos con su grabadora de periodista y te cascaban el casette grabado a pelo desde la tercera fila, entre los empujones, tanto que al escucharla te parecía notar la arena de las ventas en la boca. Y nadie se paraba a decir que el sonido era malo.

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  2. Aquellos maravillosos años, Sr. Sanabria. Aún recuerdo aquel viaje de fin de estudios a Italia, gracias al cual pude escaquearme de la obligada visita al Vaticano. Durante mi periplo, junto con un colega punk, dimos con una tienda de discos, y cuando digo discos quiero decir que unica y exclusivamente vendían eso: discos, ni palomitas, ni videojuegos, ni chucherías (lo juro, antes existían!). Cuando vi el "Fear of a black planet" de Public Enemy noté el bulto en el pantalón. Convencer al conductor del autobús de que la pusiera de vuelta al hotel fue cuestión de cigarrillos y media botella de vodka. La peña empezó a gritar que quitaran aquella mierda, que volvieran a poner Glen Madeiros o como coño se llamase aquel empalmaviejas, mientras mi colega el punky y yo, cuernos en el aire y con los ojos cerrados aullábamos como perras en celo aquello de "fait de pagüaaaa!!! güi gat tu fait de pagüa dat bi". Cassettes forever.

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