sábado, 8 de octubre de 2011

EL DIABLO,VUDÚ, EL BLUES Y NEW ORLEANS

New Orleans, el diablo, el vudú y el blues, excitante combinación. Los afortunados que conozcáis New Orleans sabéis que caminando sus calles puedes escuchar el origen de toda la música que nos apasiona, hueles el peligro en sus rincones más oscuros y sientes un cosquilleo en la nuca que te indica que el diablo anda al acecho. New Orleans es musicalmente el gran embudo de América, todo lo que baja por el Mississippi sedimenta allí. Allí se cocinaron a la vez jazz, blues y vudú, a fuego lento durante años y muchas de las canciones compuestas por artistas de allí versan sobre el vudú (o hudú) y sus prácticas. Habitualmente se han asociado estas músicas con el diablo, pero no exactamente ese concepto malvado del diablo cristiano, sino más bien con ser al que se considera un “viajero” (también conocido como el “hombre negro grande”), un ente que abre caminos y otorga talento (¿de acuerdo, Robert Johnson?). Uno de los primeros artistas en introducir el concepto de vudú en la música popular fue el incomparable Screaming Jay Hawkins, pionero del rock teatral y maestro de Alice Cooper y todos los que vinieron detrás (¿has dicho Marylin Manson?), que combinaba su voz sopranesca con espectáculos impactantes y macabros; ataúdes, calaveras, enormes serpientes y referencias al vudú. Y los fans de Jim Jarmush le recordáis por ser el manager de ese lóbrego  hotel en Mistery Train. Un grande.

                                    Cómete esa ciruela, hombre! 
Y si hablamos de vudú y de New Orleans es obligatorio acordarse de Dr John, John Rebennack, leyenda viva de la ciudad que introdujo la tradición del vudú a toda una generación, la hippy en los 60 y 70. Comenzó su carrera como guitarrista, pero en un altercado en un hotel Florida le dispararon en el dedo anular y tuvo que pasarse al piano. Juerguista como buen hijo de Nueva Orleans, se dice que fue heroinómano desde los trece años (¡!), y desde que se lanzó en solitario siempre apostó por una cuidada puesta en escena, con vestimentas inspiradas en el culto a la magia, el vudú y el paganismo afrocubano. Tomó el nombre de Dr John de una de las grandes autoridades del vudú, el Dr John Montaigne, líder de la comunidad negra a finales del S XIX y temido por los poderosos por sus conexiones con la magia más chunga. Dr John (el músico) centró su primer disco Gris Gris en su figura. Sus primeros discos jugetean alegremente con el tema del vudú, mezclando la música propia de New Orleans (blues, jazz, zydeco) con la psicodelia, incluso el funk, en un extraño ritual sonoro que hipnotiza.
                                                                Dr John, un señor elegante 
La relación del blues con el vudú se extendió mucho más allá de las fronteras de Lousianna. Uno de los pioneros de la harmónica blues fue el irascible Sonny Boy Williamson, un tipo de talento precoz que enseguida abandonó su Jackson natal para viajar a Chicago, donde grabó con el sello Bluebird temas que se convertirían en standards, como Good Morning Little Schoolgirl 1937 (popularizado más tarde por Little Walter, y más tarde aún por Ten years After), o I’ve Been Dealin With the Devil. Tontear con el diablo no es recomendable para un bluesman (¿de acuerdo, Robert Johnson?), y Sonny Boy se enteró de esto demasiado tarde; en 1948 cuando tras una actuación en The Plantation Club (en el South Side de Chicago, zona muy poco recomendable entonces y muy poco aconsejable hoy) algún marido celoso o algún rival más irascible que él le clavó un picahielos en la cabeza. Diecisiete veces. ¿Tonteó Sonny Boy Williamson con el vudú? Bueno, cantó sobre el tema, pero que se sepa nunca visitó New Orleans, su radio de acción era las zonas urbanas de Illinois. Sin embargo en el tema Hoodoo Hoodoo se plantea la posibilidad de bajar a Nueva Orleans para hacerse con unas cuantas bolsas de amuletos, porque su mujer le ha dejado ¿cómo es posible que una mujer abandone al gran Sonny Boy!?. Amigos, porque alguien le ha hecho vudú (The Hoodoo man, ese malvado). Posiblemente la incapacidad para aceptar que su mujer le dejaba sin más le hizo componer este temazo; piano, armónica y vozarrón! Bendita arrogancia.


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