domingo, 18 de diciembre de 2011

EL GRAN TIMO DEL ROCK N ROLL

Hablamos de juicios, demandas, alegaciones y problemas con managers, discográficas en una mirada desapasionada a la trastienda del rock business. Normalmente cuando se juntan un artista multimillonario y un tiburón con ganas de ser aún más millonario (o peor, una compañía con un ejército de abogados) pueden ocurrir varias cosas; o miras hacia otra parte y te haces el bobo (como Elvis con el Coronel Parker), te casas con tu manager (chico listo Ozzy, o quizá no), o esperas a que te sangren y luego vas a juicio (la táctica más habitual).
Uno de los casos más estrambóticos y sangrantes es el de John Fogerty y la Creedence con el capo de Fantasy Records, Saul Zaent (posteriormente afamadísimo productor cinematográfico). El obsesivo control que el bueno de John ejercía en la CCR le llevó a firmar un pacto secreto con Zaent para mover los magros ingresos de la banda a un paraíso fiscal en Nassau. Cuando el resto del grupo se enteró, reclamaron su parte (“¿vuestra parte?, ¿qué parte?”), fueron a un juicio que ganaron pero el dinero nunca apareció. Una de las bandas más exitosas de la historia y no vieron un dólar en años. Una vez separados, Fogerty se negó durante años a interpretar temas de la Creedence, porque los derechos pertenecían a Zaent y tendría que pagar por cantar sus propias canciones. Además Zaent le acusó de ¡¡autoplagio!! Porque según él el tema The Old Man Down The Road era clavado a Run Through The Jungle de la CCR. Naturalmente el caso no fue a ninguna parte. Sin embargo sí que obligó (juicio mediante) a Fogerty a cambiar el título de su canción Zant Kant Danz (Zaent Can’t Dance) por difamación; gol en Anoeta, empate a uno. Posteriormente Zaent se dedicaría al cine, produciendo (peliculones como) Alguién Voló Sobre El Nido Del Cuco o Amadeus. Poseedor de los derechos de El Señor De Los Anillos, produjo la versión animada de 1978 y en los últimos años ha andado metido en juicios con Peter Jackson por la nueva versión del Hobbit (hey, un día sin juicios no es un día para Saul Zaent). Cuando Zaent se desvinculó de Fantasy Records, Fogerty no tardó en firmar de nuevo con el sello.
CCR, where´s my money, man?
Otra batalla legal que se alargó durante años fue la de Dylan con Albert Grossman; sorprende que un tipo tan inteligente como Zimmerman fuese tan cándido a la hora de dejarse arrebatar la mitad de todas sus ganancias por Grossman en un contrato que se negó a leer (¡!) durante años. La confianza que tenía en su manager era absoluta pero cuando las cosas empezaron a enfriarse y sus abogados le hicieron ver la pifia que había cometido se estuvo tirando de sus (ora judíos, ora cristianos) rizos durante meses. Dylan conoció a Grossman a principios de su carrera en New York, en 1962, y fue él quien le invitó a su casa de Woodstock. Allí Dylan encontró su hogar durante años. Es la mujer de Grossman, Sally, la que aparece en la portada de Bringing It All Back Home (fue ella, también, la que lanzó el rumor de que el accidente de moto de Dylan no había existido). A principios de los 70 Dylan dio por finalizada su relación profesional con Grossman, pero debía seguir pagándole la mitad de sus ingresos durante años, por los que fueron a un juicio que se alargó durante una década, con millones de dólares tirados en abogados y alegaciones, y que sólo terminó cuando Grossman falleció durante un vuelo a Londres en 1986.
Something's happening here
And I don't know what it is...


Otro que anduvo en líos legales que a punto estuvieron de acabar con su (incipiente) carrera fue el Boss, que vio como la publicación de Darkness At The Edge Of Town  se vio primero retrasada priemero y luego amenazada por el litigio que mantuvo con Mike Appel, su manager hasta entonces. Después del éxito de Born To Run Springsteen vio que le convenía más tener a su lado a alguien como el productor del disco (John Landau) que a Appel, cuyas tácticas agresivas le habían valido a Springsteen su primer contrato con CBS, pero en el estudio de grabación no había feeling, y cuando apareció Landau el divorcio estaba servido. Appel no se lo tomó nada bien eso de ser cornudo y apaleado y demandó al Boss, obligándole a estar en dique seco hasta que llegasen a un acuerdo (un acuerdo extra judicial de muchos ceros al que llegaron un año después). Los sinsabores de esta experiencia se vieron reflejados en el tono sombrío del álbum, y en el DVD The Promise podéis seguir la historia de una manera descarnada y muy poco complaciente.

La Promesa, cuando el Boss se vió en apuros
Quizá el manager más infame de la historia sea el manager de la banda más polémica, hablo de Malcom Mclaren, empresario, modisto, visionario y caradura, que llevó las riendas de la breve vida de los Sex Pistols, con los que acabó, cómo no, como el rosario de la aurora. Todo empezó en su tienda de ropa (Sex) donde campaba a sus anchas la flor y nata del incipiente punk londinense. Poco a poco, McLaren fue formando una banda que llegó a convertirse en los Sex Pistols. Con la famosa táctica del escándalo y la provocación logró que varias compañías firmasen y luego pagasen por deshacerse de los Pistols, hasta que finalmente EMI publicó Never Mind The Bollocks. Durante la corta carrera de los Pistols, estos le acusaron de embolsarse el dinero y de estafarles. De hecho John Lyndon (AKA Johnny Rotten) le llevó a juicio, un juicio que duró casi diez años hasta que en 1987 Lyndon recuperó los derechos legales de la banda. Como rezaba el título del documental rodado por McLaren sobre los Pistols, The Great Rocknroll Swindle (El gran timo del Rocknroll).
Rotten se acuerda de su discográfica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario