miércoles, 4 de enero de 2012

GO WEST, YOUNG MAN, GO WEST

Supongo que no hay género cinematográfico que despierte pasiones tan encontradas como el Western; rara vez encuentras a alguien que conteste “Psssé” si se ve interrogado ante las películas del Oeste (curioso que un punto cardinal dé nombre, sentido y finalidad a un género). “Go west, young man”; esta frase mítica define la última fantasía del hombre civilizado, el anhelo de aventura, el reencuentro con el niño interior, el sueño de libertad. Naturaleza salvaje, inmensos espacios, peligros incontables, el hombre enfrentado a sí mismo. El hombre del S XX (es decir, el hombre norteamericano del S XX) disfruta de la revisión del mito de la creación de su país y su identidad, y poco le importa el precio que se pagó por ello. Y para qué engañarse, es fácil dejarse capturar por ese mito y no analizarlo. Todo esto cambió, y de qué manera, con la llegada de los Westerns Crepusculares, cuando la Nueva América de los 60, influida por la contacultura emergente, se pregunta hacia dónde va, y no de dónde viene, pero esto, amigos, es harina de otro costal.


Pero hablemos de la música, esas sugestivas bandas sonoras que brincan en el subconsciente en cuanto vemos una imagen de Monument Valley, paraje que cualquier persona que se vista por los pies relaciona con John Ford. Es irónico que Ford afirmase que odiaba las bandas sonoras grandilocuentes, decía: "No me gusta la música de las películas. Detesto ver a un hombre en el desierto muriéndose de sed con la orquesta de Philadelfia sonando detrás de él”. Curioso viniendo de un director que hacía de los interludios musicales un arte, esos bailes con músicos tocando que les daba ese rollo de pausa, de cada cosa a su tiempo, el momento de calma y regocijo antes de la batalla. Ford era un tipo listo, y se rodeó de gente como Max Steiner o Elmer Bernstein para sus bandas sonoras.


Otras bandas sonoras inolvidables: Los profesionales , Los Siete Magníficos o el jefe de todo esto, el gran Enio Morricone, que en sus colaboraciones con Sergio Leone creó un nuevo género, con esas músicas agónicas, polvorientas y estridentes a más no poder en La trilogía del dólar y muy especialmente en Hasta que llegó su hora, de la que ya hemos hablado alguna vez. Y cómo no, los momentazos de Sterling Hayden a las seis cuerdas en Johnny Guitar.

La Crawford poniéndole ojitos al guitarrista

El paso siguiente a la visceralidad del western de Leone lo daría, como no, nuestro amigo Sam Peckinpah, que con Grupo salvaje se ganó el cielo, esta épica y ultraviolenta historia de lealtad e ideales, que también tiene momentazos musicales como cuando el grupo de bandidos abandona el pueblo mejicano y los lugareños le cantan eso de La golondrina, en una secuencia onírica que te pone los pelos como escarpias. Pero si tengo que elegir el mejor momento musical en una película de Peckinpah este sería en Pat Garrett y Billy The Kid. La escena en la que en su persecución de Billy, Pat Garrett (James Coburn) involucra al Sherriff Baker (interpretado por Slim Pickens) en un tiroteo; a Pickens le disparan en las tripas y cuando se da cuenta de que va a morir camina hacia el crepúsculo, observado por un Garrett abatido por la culpa y su esposa (Katy Jurado) llorando de dolor; se sienta a la orilla de un estanque y espera la muerte mientras suena esto:


Sí, el doblaje en italiano no mola
Y para rematar una debilidad personal; no es una escena mítica, ni un momento definitivo, de hecho es la única escena relajada de la película. Hablo de Rio Bravo (peliculón!!) dirigido por Howard Hawks en el 59 e interpretado por John Wayne, Dean Martin, Walter Brenann y Ricky Nelson. Acosados por una panda de malhechores con aviesas intenciones, y en la víspera de un tiroteo, los protagonistas se encierran en la oficina del sheriff y pasan el rato tocando y canturreando, Martin se marca un My Pony Mi Rifle And Me que es ¿cómo podría definirlo?, no existen palabras para esto. Claro, cuando juntas a Dino con Ricky Nelson te puede salir algo así. Sublime.



Brenann, Martin y Nelson chorreando carisma




3 comentarios:

  1. Amigo Sanabria, pocas veces he visto #SPOILERS# tan tremendos... Incluso así, su blog me sigue gustando mucho bastante.

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  2. Estimado Vitorino; poco Spolier veo. La escena de Peckinpah es a mitad de película, y el personaje de Pickens es, en realidad, visto y no visto, apenas aparece cinco minutos. Eso sí, amigo, menudos cnco minutos. Y, bueno, cualquier persona que se llame a sí misma ser humano sabe que en Rio Bravo hay canciones y que Johnny Guitar toca (mmm, sí) la guitarra.
    En cualquier caso, sus apostillas son siempre bien recibidas, con deportividad.

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  3. Estaré vigilándole, señor Sanabria, estaré vigilándole...

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