lunes, 16 de abril de 2012

ALGO QUE VER CON LA MUERTE


“Who are You!?” le pregunta varias veces Henry Fonda a Charles Bronson durante Hasta Que Llegó Su Hora (Once Upon A Time In The West, Sergio Leone 1968). Al principio con cierta sorna, más tarde con inquietud, al final con verdadero miedo en los ojos; esos ojos de azul pálido que hielan la sangre, la imagen perfecta de la muerte. Y es que toda la película gira en torno a eso, a la muerte, desde el principio sabes que los personajes están abocados a enfrentarse a ella, el montaje, la música, los gestos; como dicen por ahí Something To Do With Death (algo que ver con la muerte, título también de la irregular y a ratos latosa biografía de Christopher Frayling sobre Sergio Leone).
Viendo Hasta Que Llegó Su Hora tienes la sensación de estar en la Opera, (una danza de la muerte, como decía Leone) cada personaje tiene su propio tema musical, la presentación de cada uno es teatral y dramática to the max y la música acompaña continuamente a la trama como si se tratase de una coreografía; la banda sonora, oh sí, por supuesto, es obra de Morricone. Decía que la película gira en torno a la muerte, al menos en cuanto a los personajes masculinos se trata (Fonda, Bronson y Jason Robbards), representantes del viejo mundo del oeste (el asesino, el pistolero misterioso y el ladrón) que se ven desplazados ante la llegada de la civilización en forma de ferrocarril. El primer personaje femenino en la obra de Leone es Jill (Claudia Cardinale) y es curiosamente la que trae la vida (el agua), y con ello se cepilla el antiguo orden.  Han acusado a Hasta Que Llegó Su Hora de ser manierista, aburrida, demasiado larga, demasiado ambiciosa…pero ya sabemos que el mundo de la crítica cinematográfica está plagado de plumillas acomplejados; es el mejor ejemplo de western crepuscular (y mira que me rechina lo de crepuscular), donde todo encaja, guión robusto, dirección perfecta y  cuatro actores en estado de gracia. Una jodida obra maestra.

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