miércoles, 16 de octubre de 2013

EL EVANGELIO PSICODÉLICO

Owsley Stanley Tercero. El Primero era senador.


El senador A.Owsley Stanley, gobernador del estado de Kentucky en la década de los 20, se alineó firmemente en la liga prohibicionista que tanto bien hizo por la mafia y los alambiques caseros. Poco podía imaginar que cuarenta años más tarde su nieto (Owsley Stanley III, más conocido en los círculos drogotas como Beard) sería el responsable directo de la alteración mental de millones de jóvenes en los fenomenales años de la contracultura. Genio científico, díscolo estudiante, culo de mal asiento y profeta del LSD, comenzó a sintetizar y distribuir tabletas de dietilamida de ácido lisérgico de una calidad excepcional en la zona de Berkley, convirtiéndose rápidamente en el favorito de artistas como Hendrix (cuenta Lemmy, a la sazón roadie del genio de Seattle en 1967, que en una ocasión le compró a Owsley 100 000 dosis para Jimi. Ostias, Jimi, ¿cien mil?) Pero la llave con la que Stanley abrió la puerta de la generación del amor se llamaba Jerry Garcia, líder de los Warlocks que se convirtieron poco después en Grateful Dead. Owsley fue primero dealer y más tarde técnico de sonido en los conciertos de los Dead, auténticas catarsis colectivas en las que tanto músicos como público se ponían hasta las trancas y se entrelazaban en jams psicodélicas y desarrollos triposos. Si has leído el mítico "Ponche de Ácido Lisérgico" de Wolfe encontrarás referencias a Owsley Stanley como The Acid King, y nunca un apodo fue más apropiado. A pesar de ganarse (bien) la vida con la venta de LSD nunca tuvo problema en repartirlo en los happenings y festivales de manera gratuita (los famosos Acid Tests de Ken Kesey). Se dice (lo dice un famoso organismo gubernamental de los USA) que hizo por el LSD lo que Henry Ford hizo por el automóvil, y Timothy Leary (Turn On Tune In Drop Out) le calificó como "el Agente Secreto de Dios". Como técnico de los Dead ideó un sistema de sonido conocido como The Wall Of Sound (parecido a de Phil Spector, pero en directo) que multiplicaba exponencialmente la experiencia psicodélica de los Dead Heads y de los propios músicos (además de dotar a éstos con el mejor LSD imaginable). Sus correrías con el tráfico dieron con sus huesos en la cárcel (un par de añitos, entre 1970 y 1972). En el juicio se señaló que había distribuido alrededor de un millón y cuarto de dosis de LSD (que hasta 1968 era legal). Tras salir de la trena se dedicó en cuerpo y alma al sonido de los Dead, ideando un monstruoso sistema de P.A que sonaba como un cañón reduciendo la distorsión (y que nunca llegó a funcionar bien). Tras retirarse a Australia, murió en un accidente de tráfico en 2011. Para despedir a este gran hombre su relato de su primera experiencia con el ácido:" Recuerdo que la primera vez que tomé ácido salí a la calle y contemplé como los coches besaban a los parquímetros...". Grande, Owsley.


Un amigo del diablo es amigo mío

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