viernes, 14 de junio de 2013

¡¡VAMPIRO DIABÓLICO!!

El Maderfaker es un antro funky malasañero en el que echarse unos torpes y negros bailes; las paredes, si tus ojos pueden todavía enfocar, se visten con pósters de clásicos blaxplotation entre los que destaca el poderosísimo cartel de Blacula, (Drácula Negro, por si alguien no lo pilla...)que siempre me ha causado una extraña fascinación, de hecho, me sigo sorprendiendo (una y otra y otra vez) leyendo en viva voz las delirantes exclamaciones que lo adornan : “¡Vampiro Diabólico!”, o la perla: “¡¡Más mortal que Drácula!!”. Eh, espera un momento, ¿más mortal que Drácula?, pero, ¿cuán mortal es Drácula?, ah, publicistas.  En el póster destaca la imagen de la cara de William Marshall con un extrañísimo gesto manual, como achinándose los ojos, chata nariz y presumiendo de dentadura; mortal, sin duda (pero, ¿más que Drácula?). Remata la imagen un simpático troquelado en el que vemos a nuestro héroe dispuesto a dentellear a una desventurada señorita en ¿bañador?, una escena que, diablos, yo no recuerdo en la película. Una imagen poderosa, sin duda, que siempre me acompaña.


¿Y qué puñetas es Blacula? No te voy a engañar, un disparate sin pies ni cabeza que hay que visionar cada cierto tiempo. Filmada en 1972 fue un considerable éxito entre el público negro y recibió –curiosamente- calurosas críticas; pero, amigo, el argumento es descacharrante. Con el fin de dotar al personaje del vampiro de cierta dignidad se le convierte en un príncipe africano (Mamuwalde, ok, ¡gran nombre!) que viaja a Transilvania (WTF!?) para detener el comercio de esclavos, o alguna mamarrachez por el estilo; resultado, traición y maldito para toda la eternidad en forma de vampiro. Time warp. Estamos en L.A, son los 70 y suenan wah-wahs y profundas voces negras que hablan de amooooor. Nuestro Mamuwalde vuelve de la tumba (no queréis saber cómo) y se enamora de su morena Nina Harker, y se dedica a mordisquear cuellos. Dos cosas destacables; cuando se vampiriza, además de los colmillos, le crecen...¡¡las patillas!!, dándole un aspecto a lo Sly Stone de ultratumba. Una barbaridad. La segunda; la interpretación de Marshall es, por no decir otra cosa, discutible; a lo largo de la película se va ablandando hasta resultar abiertamente patético; el hombre venía del teatro y quizá quiso dejar su impronta en el imaginario colectivo. No, hombre, no. Mira a Shaft, maldita sea.
Como no puede ser de otra forma la banda sonora apabulla con pelotazos de soul y funk compuesta por Gene Page y con un espectacular cameo de los Hues Corporation (sí, los de rock The Boat), que impregnan de elegancia y de sudor la escena del bar con este temón


Y como última curiosidad; mi primer recuerdo de Blacula es verla cuando era niño y quedar horrorizado por una escena en la que una vampira afro-yonkie corre en cámara lenta por un pasillo para mutilar a un pobre tipo que pone cara de pánico. ¿Quién es ese tipo? Oh sí, ¡Elisha Cook Jr!. Gigante.




viernes, 7 de junio de 2013

IDOLAZO: ELISHA COOK JR.



Escucha, hay actores (corrijo, personajes) con los que es imposible no simpatizar, y es que si alguna vez en tu vida has perdido en algo, te la han pegado o no se ha hecho justicio contigo, entonces cuando ves a Elisha Wodd Jr (qué grande y respetuoso mantener ese Junior) en El Halcón Maltés le AMAS. De hecho, el cabrón de Sam Bogart Spade cae especialmente mal por el ensañamiento que muestra ante nuestro anti héroe; le humilla, le pega, le insulta y al final le utiliza como cabeza de turco (de Fall Guy como dicen por allí). El Wilmer de The Maltese Falcon fue su mini-consagración en Hollywood como “malo-pequeño-psicopático-que-muere”, y aquí, amigo, se luce ante gigantes como Bogart, Peter Lorre o Sydney Greenstreet. Wilmer tiene fuego, cada gesto, cada mirada, cada crispación te pone en guardia, el tipo está febril, a punto de estallar, pero, mira, sin sobreactuar, sin tics ¡A ver si aprendéis algunos!


Antes de que Huston le diera bola ya había destacado en La Dama Desconocida, de Siodmak, un buen noir (sin más) en el que interpreta a un baterista de jazz (cuyo frenético baqueteo dobla en pantalla Gene  Kupra, casi nada) que acaba como ya podéis imaginar (estrangulado). Posteriormente vinieron joyas del grosor de El Sueño Eterno, donde acaba envenenado, Raices Profundas, tiroteado, y Atraco Perfecto de Kubrick, donde además de maltratado por su esposa, engañado y traicionado es finalmente tiroteado. Elisha... pobre Elisha.
Nunca se sintió demasiado cómodo en Hollywood, cuentan, y elegía papeles cortos y alimenticios, prefería vivir alejado en High Sierra pescando truchas, como decía John Huston en sus memorias. Los 50 y los 60 se los pasó haciendo malos westerns y televisión. Sus últimos luciminetos vinieron en Rosemary´s Baby haciendo de Micklas, el casero del edificio Dakota y en El Emperador Del Norte (peliculón a reivindicar, por cierto).

Te dejo un bonito homenaje en youtube al bueno de Elisha. Si alguna vez te lo encuentras en una película, quiérele, simpatiza con él pero no te encariñes demasiado, porque ya sabes cómo va  a acabar.


lunes, 3 de junio de 2013

GOATS HEAD SOUP, AQUÍ HUELE A JACO


Goats Head Soup, el disco que vino después de Exile On Main Street. El disco donde viene Angie, para los cenutrios, el inicio de la cuesta abajo, para algunos, el hermano pequeño ,flaco,feo, para otros, una tristeza infinita para Lester Bangs. Oh, vamos, ¿es que nadie considera esto un Discazo? Sí, es inferior (ok, muuuy inferior) a Exile, pero, te recuerdo, John Ford rodó El Precio De La Gloria justo después de El Hombre Tranquilo, Dylan hizo John Wesley Harding como continuación a Blonde On Blonde, y Truman Capote escribió, oh wait, ¿qué coño hizo después de A Sangra Fría?. El problema de la Obra Maestra es que después tienes que seguir, y no es fácil.
La cuestión estriba en que Sopa de Cabeza de Cabra es un soberano pepinazo, y en él se manifiesta de manera mayestática un factor que en Exile simplemente intuyes, y es la Decadencia. Es el disco más sucio, guarro, sleazy, heroinómano y cerdo de los Stones. Goats Head Soup huele a jaco, y hiede a sexo, y apesta a degradación.  Desde esa portada perversa, mefistotélica, con Jagger cubierto por una suerte de mortaja, una imagen que siempre trajo a mi mente un fumadero de opio. Claro que si echas un vistazo a la contraportada y ves la máscara ultra yonkie de Richards se te quitan las dudas. El hecho, por cierto, de que salga Jagger cubriendo la portada relegando a Keez a la parte de atrás deja bien a las claras el cambio de capitán en el bote; Exile es de Keith, Soup de Mick. La diversidad estilística, la inmediatez y, en especial, el dominio de la voz en la mezcla (en Exile esta está convenientemente enterrada en el fango sonoro, en el lodo sónico) prueban que Mick arrebató el protagonismo a un Keith cada vez más despistado por su adicción jamelga.
Grabado en Jamaica en el 73 (Jesús,¡qué año!) en lo que resultó otro exilio al fin y al cabo, y producido –por última vez- por Jimmy Miller, vuelve al formato habitual de diez temas; se acabaron esos excesos. Y la decadencia de la que hablaba se revela desde el primer segundo, en ese riff arrastrado que inicia Dancing With Mr D (D  por death, naturalmente) y la cadencia narcótica que empapa todo el tema; otra vez el fumadero de opio, el baile con la muerte, y esa letra becqueriana que contrasta en temática con el siguiente corte, 100 Years Ago, una reflexión un tanto naïve sobre el envejecer, que viste un embarullado tema repleto de parones y cambios de tempo y que pasa del cuasi folk a un potente funk (cortesía de Billy Preston) en tres minutos, con un inspirado solo final de Mick Wah Wah Taylor que quema. Con Coming Down Again la cosa se viene un poco abajo, y perdón por el chiste, apenas un breve solo de saxo de Bobby Keys. Resulta algo chocante la profusión de temas lentos en Goats, junto a este tenemos Angie y Winter, que en realidad dan equilibrio al tono sofocante,achicharrante, del disco, poniendo en contapeso un toque melancólico y taciturno. Aun así Coming Down Again no funciona, por mucho que recuerde a Gram Parsons. Pero la cosa se pone seria cuando escuchamos ese clavinet y el wah wah de Taylor en el inicio de Doo Doo Doo Doo (Heartbreaker), por cierto,¡ maravilloso título!, un funk callejero y, sí, cerdaco, con una letra curiosamente contestataria, atacando a la policía de NY por un supuesto caso de asesinato de un chaval. Heartbreaker with your 44, acuérdate de Harry Calahan. La primera cara termina con Angie, de la que ya se ha hablado hasta la saciedad. No, no es Angela Bowie, es sobre la hija de Keez.
La segunda cara (sí, vinilo, importante)de Goats head Soup es magistral, y punto, cualquiera de esos temas hubiese encajado perfectamente en Exile; Silver Train, de hecho fue grabado originariamente en las sesiones de Sticky Fingers, y es un rocanrol de los que en manos de los Stones trasciende a un nivel donde otros fracasarían; si hay que ponerle un pero, de nuevo la preponderancia de la voz de Jagger, deja que se escuche esa harmónica, hombre! Y llegamos a una de las joyas ocultas del disco, Hide Your Love. Si decía que estos temas encajaban en Exile, Hide Your Love hubiese tenido que ir (obligartoriamente, hombre!) en ese disco; un desacomplejado blues pianístico (piano tocado por, ejem, Jagger) donde no toca curiosamente Richards, pero el bueno de Taylor se luce, escucha esa entrada en el minuto 00:53, ¿verdad? Y seguida, otra golosina, Winter, balada en la tradición Moonlight Mile, con arreglos orquestales creciendo y creciendo y creciendo progresivamente hacia un final épico, una preciosidad, un estremecimiento, una exquisitez. El solo de Taylor (otra vez!) entrando aproximadamente en el minuto 03: 20 es contenido, emotivo y emocionante. Y el final con Jagger susurrando por encima de la música y el último arreón, buf! Winter, amigo, es un temón.  ¿Y qué decir de Can You Hear The Music? Vilipendiada por frívola, pretenciosa o dispersa es –en mi humilde opinión- un fenomenal y excesivo logro por parte de Jagger, un psicodélico collage de blues, un drone sintetizado al que, ok, le sobran las flautas al final. Pero solo eso. Y para terminar, repetimos; sexo, decadencia y cinismo. Star Star (Starfucker) o como contextualizar a Chuck Berry en el Yunkie Chic de los Stones setenteros y de paso darle un repaso a las folla estrellas que, reconócelo Mick, le alegraban las giras. Cachonda es la historia de Steve McQueen montando en cólera cuando escuchó su nombre en el tema; como siempre más leyenda que realidad.

Demasiada sombra proyecta Exile sobre Goats Head Soup, pero no te engañes y no pases por alto esta maravilla, el tiempo siempre ha puesto en su lugar a este tipo de joyas semi ocultas.

Así se las gastaban