miércoles, 30 de octubre de 2013

LA CABEZA BIEN ALTA

En estos días de luto tras la muerte de Lou Reed te encuentras a cada paso con homenajes (oportunistas unos, sentidos alguno) donde cada cual deja caer su tema o disco favorito del simpático bardo de Brooklyn, desde los tópicos paseos por el lado salvaje hasta aquel que reivindica el tema más lánguido del disco más oscuro. Yo voy a hablar de Head Held High, el primer tema que escuché con atención de la Velvet.

Aparece en Loaded y no lo verás en las listas de las que hablo, porque parece que es un disco que no gusta a nadie. Sí, ya, Sweet Jane sale en él, pero siempre se cita el disco de la banana o el White Light White Heat (lo entiendo, eh lo entiendo). Pero Loaded es mi favorito. De hecho me parece un discazo; de acuerdo, no ES la Velvet Underground, Cale ya no estaba, Lou ya se había encargado de defenestrarlo, y Tucker estaba ocupada a punto de dar a luz. Solo quedaba Morrison, y, bueno, Doug Yale, que discretamente se puso en medio de toda la foto (nunca mejor dicho, la foto que aparecía originalmente en la contraportada tuvo que ser eliminad ante el rebote que agarró Reed). Únele a esto la presión de Atlantic (el nuevo sello) por conseguir singles radiables y el creciente fastidio del líder a punto de desertar, y el resultado DEBIÓ ser un disco de mierda. ¿Verdad? Pues, sorpresa, es un discarral; menos sucio, sí, sin rastro del ruido, del feedback, de la mugre, de la rabia, de los zumbidos, eso es cierto. Pero con canciones estupendas, tú. Sweet Jane, claro, Rock N Roll, por supuesto. Pero también Oh! Sweet Nuthin, sombría, preciosa, Who Loves The Sun, pop redondo, y ¿no es Lonesome Cowboy Bill una cachondada country rockera? Pero el tema que me atrapó desde el principio (gracias, brother) fue Head Held High, ese rock visceral pero pulido, bien tocado, con Reed desgarrando su desgarrada garganta, esos coros hooliganescos, guitarras stonianas y la letra, otra vez la letra, perfecta, certera, maliciosa; su padre y su madre diciéndole que mantenga la cabeza bien alta, los mismos que le metieron en un psiquiátrico para que le quitasen el mariconeo a base de electro-shock. No es su mejor tema, nadie escribirá un libro acerca de ella, pero cuando la escucho ahora siento un pellizco por dentro, y –sinceramente- me arrepiento de lo mucho que me reí con Lulu. Vaya, Lou, nadie es perfecto.





miércoles, 16 de octubre de 2013

EL EVANGELIO PSICODÉLICO

Owsley Stanley Tercero. El Primero era senador.


El senador A.Owsley Stanley, gobernador del estado de Kentucky en la década de los 20, se alineó firmemente en la liga prohibicionista que tanto bien hizo por la mafia y los alambiques caseros. Poco podía imaginar que cuarenta años más tarde su nieto (Owsley Stanley III, más conocido en los círculos drogotas como Beard) sería el responsable directo de la alteración mental de millones de jóvenes en los fenomenales años de la contracultura. Genio científico, díscolo estudiante, culo de mal asiento y profeta del LSD, comenzó a sintetizar y distribuir tabletas de dietilamida de ácido lisérgico de una calidad excepcional en la zona de Berkley, convirtiéndose rápidamente en el favorito de artistas como Hendrix (cuenta Lemmy, a la sazón roadie del genio de Seattle en 1967, que en una ocasión le compró a Owsley 100 000 dosis para Jimi. Ostias, Jimi, ¿cien mil?) Pero la llave con la que Stanley abrió la puerta de la generación del amor se llamaba Jerry Garcia, líder de los Warlocks que se convirtieron poco después en Grateful Dead. Owsley fue primero dealer y más tarde técnico de sonido en los conciertos de los Dead, auténticas catarsis colectivas en las que tanto músicos como público se ponían hasta las trancas y se entrelazaban en jams psicodélicas y desarrollos triposos. Si has leído el mítico "Ponche de Ácido Lisérgico" de Wolfe encontrarás referencias a Owsley Stanley como The Acid King, y nunca un apodo fue más apropiado. A pesar de ganarse (bien) la vida con la venta de LSD nunca tuvo problema en repartirlo en los happenings y festivales de manera gratuita (los famosos Acid Tests de Ken Kesey). Se dice (lo dice un famoso organismo gubernamental de los USA) que hizo por el LSD lo que Henry Ford hizo por el automóvil, y Timothy Leary (Turn On Tune In Drop Out) le calificó como "el Agente Secreto de Dios". Como técnico de los Dead ideó un sistema de sonido conocido como The Wall Of Sound (parecido a de Phil Spector, pero en directo) que multiplicaba exponencialmente la experiencia psicodélica de los Dead Heads y de los propios músicos (además de dotar a éstos con el mejor LSD imaginable). Sus correrías con el tráfico dieron con sus huesos en la cárcel (un par de añitos, entre 1970 y 1972). En el juicio se señaló que había distribuido alrededor de un millón y cuarto de dosis de LSD (que hasta 1968 era legal). Tras salir de la trena se dedicó en cuerpo y alma al sonido de los Dead, ideando un monstruoso sistema de P.A que sonaba como un cañón reduciendo la distorsión (y que nunca llegó a funcionar bien). Tras retirarse a Australia, murió en un accidente de tráfico en 2011. Para despedir a este gran hombre su relato de su primera experiencia con el ácido:" Recuerdo que la primera vez que tomé ácido salí a la calle y contemplé como los coches besaban a los parquímetros...". Grande, Owsley.


Un amigo del diablo es amigo mío