lunes, 16 de diciembre de 2013

SO LONG, LAWRENCE



Puaj, vaya racha. Parece que últimamente solo escribo esquelas, pero si te levantas un lunes y de lo primero que te enteras es de que ha muerto Peter O'Toole ¿qué puedes hacer? Lo digo para empezar: a mí me gusta el cine por su culpa, así de claro. La primera vez que vi Lawrence de Arabia entendí de qué iba la cosa; nadie me tuvo que explicar nada, la respuesta estaba en los ojos de O'Toole, en esa mirada enloquecida, determinada, narcisista, I-N-T-E-N-S-A. No vamos a descubrir nada sobre la interpretación de Thomas Edgar Lawrence, si acaso comentar que en un principio el papel estaba destinado a Albert Finney -hay algun foto suya caracterizado como Lawrence- y que incluso se planteó la opción Brando (mmmmh), pero finalmente -y gracias al cielo- cayó en manos de un pipiolo O'Toole, que prácticamente debutaba en cine (había trabajado con Nicholas Ray en Los Dientes Del Diablo). El resultado es conocido; una de las más prodigiosas interpretaciones de la historia del cine. Lawrence De Arabia lo tiene TODO; un reparto completito (Sharif, Alec Guinness, Jack Hawkins, Anthony Quinn y su ridícula nariz postiza...), una historia apasionante en la que se muestra tanto como lo que se deja entrever, o el desierto como protagonista en una fotografía en cinemascope que, en serio, tío, impresiona (Freddie Young, que se llevó uno de los 7 Oscars de la película) Otro se lo llevó Maurice Jarre por la música., que alcanza momentos épicos, como el regreso de Lawrence tras la tormenta de arena con Gasim a cuestas, pelos como escarpias, oye. Curiosamente O'Toole no se llevó la estatuilla, el honor fue para Gregory Peck y su Atticus Finch. Me contengo las ganas de comparar aquello con los Oscars de hoy día.
O'Toole, además de actor soberbio era irlandés y bebedor, un bon vivant díscolo que antepuso su propio (y casi siempre errático) código a los dictados de Hollywood, lo que,imagino, le privó de muchos papeles. Da igual, Becket, El León en Invierno (mayestática), Lord Jim (cielo santo, otro tour de force), Adiós Mr Chips,  o El Último Emperador le colocan en lo más alto.
Se ha ido un coloso, y nos van quedando menos. Y duele. Pero como dijo en esa magistral escena inicial de Lawrence, "Claro que duele. El truco, William Potter, es que no te importe que te duela".