lunes, 26 de mayo de 2014

I WANNA BE ELECTED


Con la dulce resaca aún de las Europeas, descojonado por las reacciones de los dinosaurios “de la casta”, y en relación a lo que hablábamos el otro día en Carne Cruda reflotamos este blog recuperando momentazos rockeros en campañas electorales. Momentazos, claro está, centrados en los ueseá, porque lo de aquí ha estado siempre a la altura de nuestros amados líderes. ¿Quieres una muestra? ¿Ah, sí?

Advertencia: provoca mareos

Pues eso, crucemos el charco y revolquémonos cual cerdos en lodo visitando campañas políticas en USA con rock n roll, cómo no, de fondo, atronando en mítines, luces estroboscópicas, confetti y groupies, como un concierto de Kiss, vaya. Y casi siempre -porque en todas partes, querido lector, cuecen habas- incumpliendo la legalidad vigente en cuanto a derechos de autor y soliviantando a los músicos por el uso de sus canciones en estas campañas. Uno de los casos más sonados fue la apropiación de Ronald Reagan, ese actor inconmensurable, del archiconocido Born In The USA de Springsteen en la campaña de 1984. Escucha, si te has preocupado durante un segundo en leer la letra del tema tienes claro que no es una exaltación patriotera, sino más bien lo contrario; pero los asesores de Reagan, ese actor fabuloso, se quedaron con el estribillo y petaban los altavoces con esos sintetizadores ochentenos y esa bombástica batería. Springsteen, naturalmente, se quejó del uso de su tema estrella y en sus conciertos dijo que Reagan, ese extraordinario intérprete, debería escuchar su álbum Nebraska, donde refleja las condiciones de desesperanza de la clase obrera americana. Como los políticos son como son (ay), el candidato demócrata, Walter Mondale, tardó dos nanosegundos en apuntarse un tanto diciendo que él era seguidor de Bruce (¡eh, miradme!, ¡conozco sus discos!) y que éste le apoyaba, hasta que Jon Landau –manager del Boss- le paró los pies y le amenazó con querellarse por mentir cual concejal. Se retractó con la boca pequeña.
Han sido varios los casos en los que artistas amenazan con querellarse contra los responsables del uso de sus canciones, especialmente cuando no comulgan con sus puntos de vista; sería raro que los demócratas usasen temas de Ted Nugent (aunque, reconócelo, sería lo máximo) pero parece ser que no ocurre lo contrario en el otro bando. Así por ejemplo Tom Petty vio como George Bush (JR, el listo) usaba su I Won’t Back Down en su campaña del 2000, hasta que amenazó con acciones legales, y lo mismo le pasó a Heart, cuyo hitazo del 77 Barracuda fue usado por la ínclita Sarah Palin. Las hermanas Wilson le escribieron explicando amablemente que su canción y su visión general chocaba con el punto de vista sobre la mujer que tenía la entonces gobernadora de Alaska (a la que llamaban Barracuda en sus años mozos, mote soberbio, por otro lado).



Pero también hay casos de matrimonios felices; a Fleetwood Mac les vino de perilla que Clinton bombardease su triunfal campaña del 92 con el archifamoso, superhappy, requeteoptimista Don’t Stop. Les vino tan bien que ese año enterraron el hacha de guerra, se volvieron a llevar estupendamente y realizaron una gira de reunión que llenó sus cuentas corrientes de ceros y ceros. En el otro bando también hay supporters, claro está. En la última campaña Obama-Rommey del 2012 hubo cantidad de músicos apoyando al bueno de Mitt y demonizando a Obama. El 95% cantantes country cazurro, claro, y gente como Lynyrd Skynyrd o Gene Simmons de Kiss, y especialmente Kid Rock, cada día que pasa más perdido, cuyo tema Born Free fue el elegido por Rommey como tema central de su campaña, y así le (les) fue.

Mucho más guasona fue la campaña para la alcaldía de San Francisco en 1979, ganada (si a alguien le interesa) por Diane Feinstein: en el cuarto lugar de las votaciones aparece (tachán) Jello Biafra de Dead Kennedys, cuya campaña electoral fue descacharrante. El programa lo escribió en una servilleta de papel durante un concierto de Pere Ubu, (eh, cójete el del PSOE y dime si no encaja en la descripción) y algunos de los puntos detallaban que los ejecutivos y banqueros tendrían que ir vestidos de payasos dentro de los límites de la ciudad, aunque había otros menos lunáticos como que cada barrio eligiese a los miembros de la policía así como la prohibición del uso de coches dentro de la ciudad (En 1979 los problemas de polución eran ya extremos en San Francisco, Sra Botella, tome nota). Completó el desaguisado con una campaña de marketing brillante, con camisetas con eslóganes como “Si no gana me mato”, o “¿Qué pasa si gana?”. Los metodos de financiación del partido, lejos de comisiones ilegales, pasaban por lo recolectado en conciertos de hardcore, otra recomendación que trasladaría a nuestros representantes. Finalmente quedó cuarto en las elecciones (de diez), lástima. Pero imagina la cara que se les quedaría a los aspirantes de quinto al décimo lugar. Ese mismo año grababa con Dead Kennedys su primer single, California Uber Alles, donde atizaba a gusto a Jerry Brown, gobernador por entonces de California, con esta diatriba furibunda.


California por encima de todo