jueves, 13 de agosto de 2015

IDOLAZO: DAVID NIVEN









Uno es consciente de que uno de los placeres veraniegos es aferrarse a un libro cual liendre y aislarse del mundanal ruido piscinero. Eso sí, ha de ser adictivo y ligero. Estos días disfruté muy mucho de la re lectura de “Traigan los caballos vacíos” (Bring the empty horses) en una edición de los 70 de Noguer que encontré en una vieja librería a dos euros (mordisqueada por un perro. En serio). Se trata de un libro de memorias exclusivamente centrado en el mundo del cine, la época dorada de Hollywood (de los 30 a los 60) en el que Niven se aparta del foco y habla de los demás, de sus amigos. Claro que si tus amigos son Clarke Gable, Samuel Golwyn, Cary Grant o Humphrey Bogart, posiblemente te salga un libro entretenido. 


No es el único esfuerzo literario de David Niven, antes había escrito una autobiografía al uso (escrita por él, sin ayuda de ningún junta-letras, Niven sabía escribir bien) titulada The Moon Is A Baloon, publicada en nuestro país como La Aventura de mi Vida (¿quieres títulos prosaicos?) y publicada también por Noguer en los 70 (esta la compré sin mordiscos caninos). Existe una re-edición reciente de Traigan los caballos… titulada simplemente Memorias (¿más títulos prosaicos, quizás? , publicada por Torres de Papel). En estas memorias Niven relata sus peripecias vitales, desde su brutal educación militar en su Inglaterra natal y sus tiempos en el ejército, donde su afición a las bromazas y su larga lengua le metieron en más de un problema. A principios de la década de los 30 se marcha a América, donde decide probar suerte en el cine; se tira más de diez años como secundario (del “tipo anglosajón”, según rezaba su tarjeta de castings) y mientras se labraba su carrera conociendo a gentes importantes en el barco de pesca donde trabajaba.

Así llegó a conocer al todopoderoso Sam Golwyn, que se convirtió en su valedor, dándole papeles en El Prisionero de Zenda (primer éxito) y en La Carga de la Brigada Ligera (dirigida por el húngaro Michael Curtiz, que en su imperfecto inglés gritó en pleno rodaje aquello de “traigan los caballos vacíos”, es decir, sin jinetes, lo que provocó las chanzas de Niven y del otro protagonista, Errol Flynn, sirviendo más tarde como título del libro que comentábamos). Precisamente Flynn se convirtió en uno de los amigotes de Niven y juntos se mudaron a una casa enfrente del Pacífico donde daban rienda suelta a sus dos pasiones; la priva y el fornicio. De hecho, la actriz Rosalind Russell, dueña de la casa, la bautizó como Cirrosis Frente al Mar



Dos super-dos


Establecido ya como uno de los actores británicos más importantes encuentra sus mejores papeles,La Patrulla del Amanecer (The Dawn Patrol, 1938), o Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights 1939), y sin ser un actor arrebatador en sus interpretaciones, encarna perfectamente la elegancia, la finura y la ironía que todos le recordamos.
En 1940 se casó con Primula Rollo, con la tuvo dos hijos. En el año 46 ocurrió la tragedia; jugando al escondite en casa de Tyronne Power, Primmie tuvo un accidente cayendo por las escaleras del sótano y se fracturó el cráneo. Niven confesaba que fueron los años más duros de su vida y que llegó a intentar suicidarse. Antes de eso se había pasado los años de la Segunda Guerra Mundial combatiendo en Europa, tomando parte en el desembarco de Normandía, poca broma. Llegó incluso a conocer a Churchill que le felicitó por su coraje.

De vuelta a USA a finales de los 40 se casó de nuevo con la modelo Hjordis Tersmeden, un matrimonio tempestuoso y salpicado de infidelidades y reproches. Niven retomó con éxito su carrera como actor, con grandes papeles como La Luna es Azul (The Moon is Blue. 1953) de Preminger, con una interpretación sobria y ejemplar, o en exitazos como La Vuelta al Mundo en 80 Días (por desgracia la mayoría de espectadores le conocen por esta divertida patraña). 

Pero si tengo que destacar un papel de Niven elegiré el del Mayor David Angus Pollock en Mesas Separadas (Separate Tables 1958) dirigida por Delbert Mann, un militar condenado por acoso sexual que intenta mantener su secreto en una residencia vacacional donde resulta que todo el mundo tiene trapos sucios. “Todo el mundo” son Deborah Kerr, Burt Lancaster o Ava Gardner, entre otros. Peliculón.
   
                                     

Gracias a este papel le fue concedido el Oscar al mejor actor; famosa es la escena cuando fue a recoger el premio y un tipo aparece correteando desnudo por el escenario. Niven, flemático y socarrón, improvisa una salida histórica; dice algo como “Bueno, estaba claro que esto iba a acabar sucediendo; ¿no es fascinante pensar que las únicas risas que causará este hombre serán por desnudarse y mostrarnos sus carencias?”
                                      

Los 60 y los 70 le trajeron papeles olvidables y alguna superproducción, como Casino Royale (1967), Muerte en el Nilo  (Death on the Nile, 1978), de John Guillermin, 55 Días en Pekin (55 Days at Peking, 1963), de Nicholas Ray , aunque aquí también encontramos momentos memorables, especialmente en el papel de Miller, un profesor de química experto en explosivos que cuestiona (convincentemente) la locura de la Guerra                                                                           

                          


Dicen que David Niven nunca alcanzó la brillantez en su carrera que alcanzaba en las conversaciones de sobremesa; dicen también que siempre ocultó los datos más oscuros de su biografía y solo contaba lo divertido (hay un libro escrito por un tal Michael Munn que abunda en la ponzoña). Qué importa, cuando nos legó un puñado de interpretaciones memorables, esa sonrisilla irónica, y además varios libros (un par de novelas además de los biográficos) que nos hacen quererle como lo que es, un idolazo.

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